Día del Inmigrante, lo que aprendí al migrar y reinventarme en Argentina

por admin | Sep 5, 2026 | Entrevistas

Llegar a un país nuevo sin un plan trazado en mano da vértigo. Cuando tomé la decisión de dejar Venezuela y comenzar de cero en Argentina, no tenía un mapa detallado de lo que vendría; solo tenía la certeza de que debía dar el paso. En aquel momento no lo entendía del todo, pero migrar no fue únicamente cruzar una frontera geográfica: fue el inicio del viaje de introspección más profundo de mi vida.

A veces creemos que empezar de nuevo significa quedar en blanco, pero la realidad es muy distinta. Al salir de la zona conocida, te enfrentas a situaciones inéditas que te obligan a mirarte sin filtros. Es en esa incertidumbre donde descubres talentos dormidos, una resistencia que no sabías que tenías y la capacidad de emprender proyectos que en otro contexto jamás habrías imaginado realizar.

Cada historia es un universo propio

La migración no es una fórmula matemática ni una experiencia universal. Cada persona atraviesa su proceso con tiempos, duelos, privilegios y desafíos singulares; comparar caminos suele ser injusto. Sin embargo, hay un punto en común que nos une: nadie llega verdaderamente con las manos vacías.

Llegamos con una mochila cargada de aprendizajes, caídas superadas, valores y oficios. La experiencia previa no desaparece en el aeropuerto; se transforma en el cimiento sobre el cual decidimos construir el siguiente capítulo. El verdadero desafío está en la actitud con la que gestionamos ese bagaje: cómo tomamos lo aprendido para adaptarnos, sumar valor al entorno y diseñar una vida con propósito en esta nueva etapa.

Recuerdo que yo venia con 200 planes y ya tenia una maqueta de todo lo que iba a hacer cuando llegara al nuevo país, y adivina, hice de todo, pero nada de lo que tenia planificado, y es que es así, ese primer choque con la realidad, ese momento en el que me di cuenta que lo que me contaban sobre migrar en realidad era otra cosa, toco pausar lo que supuestamente venia hacer por buscar otras opciones de empleo (porque si no, no iba a tener dinero) realizar trámites migratorios (porque sino no iba a poder trabajar) buscar donde vivir (muy distinto a lo que imagine porque había más trámites para alquilar y mi presupuesto era diferente) comprar hasta el detalle mínimo que no tenia previsto porque lo daba por hecho (y si me paso con la rejilla del baño jaja) y así muchas cosas, pero que poco a poco se fueron ajustando en el camino y me hicieron también ver nuevas opciones que hoy en día agradezco y mucho.

El valor de construir en comunidad

Migrar exige una fortaleza mental constante. Significa desarmarse para volverse a armar frente a códigos culturales nuevos, ritmos distintos y mercados diferentes. Pero lejos de ser únicamente una carga o un acto de supervivencia, ser migrante es una oportunidad de intercambio virtuoso.

Cuando una persona llega dispuesta a trabajar, a respetar la historia del lugar que la acoge y a aportar su visión, la migración se convierte en una gracia compartida: el país receptor abre sus puertas y ofrece cobijo, mientras que quien llega devuelve esa generosidad con esfuerzo, diversidad, innovación y cultura.

El impulso de emprender y enriquecer la cultura local

Ajustar la vida a una nueva realidad despierta una fuerza creadora imparable: la de emprender. Lejos de ser observadores pasivos, miles de migrantes transforman la necesidad en iniciativa, fundando proyectos que revitalizan el ecosistema productivo.

Ese empuje aporta una riqueza invaluable a la identidad del país que recibe:

  • Fusión cultural viva: Sabores que dialogan en nuevas propuestas gastronómicas, colores en las artes visuales, ritmos y expresiones que se integran para crear una escena más diversa y vibrante.
  • Motor económico tangible: Cada negocio que abre sus puertas formaliza ideas, genera puestos de trabajo genuinos, dinamiza el consumo y abre oportunidades comerciales tanto para locales como para otros recién llegados.
  • Innovación desde la mezcla: La combinación de saberes previos con las dinámicas del mercado local da origen a marcas y conceptos con una identidad fresca y competitiva.

La migración, vista desde esta lente, no es una carga asistencial, sino una inyección directa de talento, tracción económica y valor cultural.

Y hoy, al mirar el camino recorrido, el sentimiento predominante no es la nostalgia, sino una profunda gratitud con la tierra que me recibió y con la persona que descubrí en el proceso. Migrar es desafiante, sí, pero cuando se asume con dignidad y trabajo, florecer en suelo ajeno deja de ser una excepción para convertirse en un propósito real.

Luimar Zabala

Suscribete a mi canal de Whatsapp

Los mejores eventos, ferias y encuentros de la comunidad emprendedora se llenan antes de que te enterés. Sumate al canal de WhatsApp y avisamos primero.

Unirme al canal

Tambien Puedes Seguirme en mis redes sociales